Historia de los azulejos portugueses

mosaico patrones de azulejos portugueses azules y blancos

Historia de los azulejos portugueses

Portugal es conocido como el país de los azulejos, el título le hace justicia y es que no hay más que darse una vuelta por cualquiera de sus pueblos o ciudades para poder ser testigo de la belleza con la que se emplean en muchas de sus fachadas. Habitualmente en tono azul sobre fondo blanco, recogen la memoria popular portuguesa desde hace varios siglos. En este artículo conocerás la historia de los azulejos portugueses, su impacto en la cultura portuguesa y las influencias que han marcado su evolución.

¿Cuál es el origen de los azulejos portugueses?

El origen de los azulejos se ubica en el Antiguo Egipto y Mesopotamia sobre el siglo 27 a.C. en la Dinastía III. Los ejemplares más antiguos se hallan en el interior de la pirámide de Djoser. En tonos verdes y amarillos, tienen la intencionalidad decorativa de recrear un papiro. Por lo tanto, desde su origen, el azulejo es una elemento artístico con un valor atemporal, gracias a estar hechos de un material resistente.

En cuanto a su origen en Europa, es introducido en el siglo VII por los musulmanes, cuando conquistan la península ibérica y la llaman Al-andalus. De hecho, la morfología de la palabra “azulejo” proviene del término árabe “azzellj”, que significa pequeña piedra pulida. Mucha gente cree que proviene de “azul”, ya que la mayoría de azulejos portugueses son de este color.

Año 1498, el big bang de los azulejos portugueses

Es en 1498 cuando acontece el “big bang” del azulejo en portugal. El monarca D. Manuel I visita Granada, el último estado musulmán en la península hasta su caída ante los Reyes Católicos en 1492. En la visita queda fascinado con la belleza de la Alhambra, y le maravillaran las técnicas artísticas utilizadas y su ornamentación en edificios. Tanto, que a su vuelta a Portugal decide plasmarlo en el Palacio Nacional de Sintra, su lugar de residencia.

 

mosaico de azulejos árabes en Alhambra GranadaAzulejos Alhambra
puerta azulejos portugueses palacio de sintraAzulejos Palacio Nacional de Sintra

Modificado de Bryn Pinzgauer / CC BY

En ese mismo año se asienta en Sevilla Francisco Niculoso, trayendo consigo a la península una de las técnicas más influyentes en la historia de los azulejos portugueses, la mayólica. Esta técnica de revestimiento de azulejos permitía pintar directamente sobre el azulejo esmaltado.

Los primeros azulejos portugueses adoptan las técnicas tradicionales árabes, en las que destaca una geometría compleja. Sin embargo, pronto las influencias del estilo gótico de la época comienzan a dar como resultado una variedad expresiva, que proporciona originalidad y distinción.

Siglo XVI, el azulejo para eternalizar el arte y la belleza

A principios del siglo XVI, a la llegada de Francisco Niculoso a la península se suma la de varios artistas de las provincias de Flandes, también conocedores de la técnica de la mayólica. Estos artesanos eran poseedores de una estética armonizada y un desarrollo amplio de lo figurativo. La suma de factores propicia el desarrollo de una maestría local, los ibéricos descubren en los mosaicos una forma de eternalizar el arte.

Empiezan a aparecer los primeros talleres de alfarería, donde se aplicaban técnicas tradicionales y técnicas extranjeras importadas, para la producción de azulejos destinados a todo tipo de vías artísticas, como el embellecimiento de fachadas o joyas.

Durante el siglo XVI, con la pérdida de las esencias árabes, la nueva producción se fija en la mitología y las religiones. Sin embargo, por necesidades productivas, aparece el azulejo de patrones. Este tipo de azulejo supone una forma más barata y rápida de crear mosaicos, al utilizar la repetición de formas geométricas. Se pueden ver ejemplos de azulejos de patrones del siglo XVI en el Convento de Cristo, en Tomar y en la Iglesia de São Roque, en Lisboa.

patron de azulejos portugueses geométricosAzulejos Convento de Cristo

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Siglo XVII, empoderamiento del azulejo portugués

El siglo XVII comienza con Portugal perteneciendo a España, por lo que la producción e identidad del azulejo portugués se ve frenada. Sin embargo, vuelve con fuerza en la época post-restauración, con nuevas influencias orientales. Tales como el azul de la porcelana de China o como las alfombras persas y telas indias, que dieron luz y color. Además llegan de Italia las primeras obras realistas burlescas donde se exalta la fantasía. Con estas referencias, en Portugal nace la albarrada, nombre dado al diseño basado en flores exóticas y vegetales pero con fundamentos geométricos.

revestimiento azulejos portugueses antiguos azul y blancoAzulejos São Vicente de Fora

Modificado de Vitor Oliveira / CC BY-SA 2.0

Con la recuperación de la independencia, la nobleza construye muchos palacios y edificios decorados con azulejos provenientes de artistas flamencos, que eran los principales productores de azulejos de temas religiosos, militares y sociales. Esta situación da pie a los artesanos portugueses a diferenciar la esencia del azulejo tradicional nacional.

Gracias a la aportación de la cultura China, el artesano portugués evoluciona su azulejo. Destaca la utilización de colores azules sobre fondos blancos, lo que resalta el valor y la calidad de la línea en el dibujo. En cuanto a la estética, el Barroco de la época influencia cada vez más su forma. Apareciendo en los azulejos escenas de anécdotas cotidianas, en este ámbito resaltan muchos nombres como los maestros del azulejo Gabriel del Barco, António de Oliveira Bernardes  y Manuel dos Santos.

La producción exterior de azulejos disminuye y Portugal se convierte en la potencia artística de los azulejos del momento, teniendo ya una identidad propia. Aparecen lugares representativos de esta época del azulejo portugués como el Convento de São Vicente de Fora, en Lisboa y el Palacio de Mitra, en Azeitão.

Siglo XVIII, el azulejo como herramienta arquitectónica

Con el siglo XVIII y la influencia a nivel europeo del Rococó francés, los azulejos adquieren referencias donde predominan los diseños con colores amarillos, verdes y morados, además del azul tradicional. Este es un periodo en el que los motivos florales en los azulejos aparecen con todavía más fuerza.

Gracias al refinamiento de las técnicas de producción, se mejoran características como el brillo y se consiguen así verdaderos hitos arquitectónicos. Logros como dar sensación de espacio abierto o de mayor profundidad a un edificio cerrado.

Siglo XIX, el azulejo en la memoria nacional portuguesa

La historia de los azulejos portugueses vuelve a sufrir un parón durante gran parte del siglo XIX. Diversos conflictos tales como la invasión de Portugal por parte de Napoleón Bonaparte y las guerras de Independencia de Brasil, merman mucho la producción nacional de azulejos.

Sin embargo, su uso en fachadas no cesa y con la llegada del Romanticismo y otros factores, como la vuelta de migrantes que tuvieron que huir en los conflictos, se crea todo un sentimiento nacional a su alrededor. Se implementan medidas de producción industriales y se dan a ciudades como Oporto un carácter auténtico portugués, a través de recubrir las fachadas con azulejos en todo tipo de edificios. Mermando a la vez su aplicación en interiores.

De esta manera los principales centros de fabricación se concentran en los dos centros urbanos del país. En Lisboa destaca la “Fábrica Viúva Lamego” y en Oporto la “Fábrica de Cerámica das Devesas”.

En cuanto a artistas y estilos cabe destacar por un lado a Luis Ferreira, decidido a divulgar la esencia del oficio con un obra tradicional. Por otro lado Jorge Colaço, con una perspectiva historicista y un diseño preciso, como el realizado para la estación de São Bento, en Oporto.

mosaico de azulejos históricos estación de São Bento, Porto.Azulejos estación de São Bento

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Siglo XX, el azulejo en el patrimonio cultural de Portugal

El crecimiento artístico del azulejo a principios del siglo XX es notorio de la mano de nombres como Rafael Bordalo, un decorista con grandes trabajos en palacios, o el famoso pintor y ceramista Jorge Barradas. Sin embargo, la creación del azulejo se ve perjudicada por la “no inclusión” como una de las características de la nueva arquitectura dictada por el régimen de Antonio de Olivieira Salazar.

Pero una vez más, el azulejo portugués coge fuerza para recordar la identidad nacional. A mediados de siglo, aparecen artistas reivindicativos del patrimonio cultural. Maria Keil es de las primeras en plasmar el abstractismo en un mosaico geométrico renovado, su obra se puede disfrutar en algunas estaciones del metro de Lisboa. A la vez de otros muchos estilo artísticos como el expresionismo, donde encontramos a Júlio Resende, o el neorrealismo con Júlio Pomar.

La historia de los azulejos portugueses culmina en 1958, con la creación en Lisboa del Museo Nacional del Azulejo. Simbolizando el carácter eterno del azulejo en la cultura portuguesa; reuniendo toda su historia, evolución y variedad expresiva.

azulejos geométricos exposición museo nacional del azulejo de LisboaMuseo Nacional del Azulejo

Modificado de Vitor Oliveira / CC BY-SA

Enseñanzas de la historia de los azulejos portugueses

Para nosotros, este viaje a través de la historia de los azulejos portugueses ha evidenciado la magnífica fórmula que crea tener un sentimiento de orgullo nacional, pero a la vez dejarse influenciar por la diversidad cultural mundial. Creando en el azulejo una expresión artística atemporal.

También hemos descubierto como el azulejo se convierte en símbolo cultural, al ayudar a retornar el sentimiento de identidad nacional siempre que este se ve dañado por diversas circunstancias.

Y para tí lector, ¿qué enseñanzas deja la historia de los azulejos portugueses?

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